Solo hay que seguir el rastro del dinero... el problema viene de dentro. / Just follow the money... the call is coming from inside the house.

This article is bilingual! Scroll down for the English translation.

Narcos gringos.

Construyen campos de concentración para migrantes y aplauden las mayorías electorales y dicen que son de una raza inferior los migrantes, y colectivizan culpas en ellos como hicieron con los judíos, y nos llaman terroristas, inferiores, ladrones y narcotraficantes todos, dicen. Cuando en realidad, la mayoría de los narcotraficantes son rubios y de ojos azules, y guardan sus enormes fortunas en todos los bancos más grandes del mundo y no viven ni en Bogotá, ni en Caracas, ni en el Caribe ni en Gaza, viven en París, en Nueva York, en Dubái; viven en Miami, viven donde hay lujo, no pobreza. Pero los misiles los tiran donde hay pobreza, no donde hay lujo.

Estas fueron las palabras del presidente Petro de Colombia en la Cumbre de las Américas hace ya un par de meses, y desde ya hace un par de meses se ha venido a nuestra hermandad latinoamericana un mundo lleno de misiles a pescadores y seudo terroristas y así comienza otra etapa más de la Doctrina Monroe en nuestra América del Sur.

En los últimos 7 meses el presidente Donald Trump y los medios de comunicación han comenzado una nueva estrategia de medios y control de la narrativa donde acusa abiertamente a gobiernos de países latinoamericanos de formar parte de una gran organización de cárteles de la droga. Esta agenda señala directamente a países como México, Colombia y Venezuela, amenazando con intervenir militarmente para combatir a los cárteles calificados como terroristas.

La pregunta principal era, en realidad Estados Unidos y sus corporaciones así como sus gobiernos quieren acabar con la crisis de consumo de drogas y narcotráfico en su país, porque hasta aun que parezca ironía se aprecia que hasta en este mercado el país del norte se ve tentado a dominar el monopolio de esta industria, porque seamos honestos el mensaje es claro, nuestro Tío Sam está más que dispuesto a combatir fuera del país con lo que sea, pero dentro de nuestras fronteras ignoraremos el problema.

El sistema de consumo, tráfico y comercialización de drogas dentro de Estados Unidos que genera ganancias incalculables no es ajeno a cárteles, grupos criminales, redes de transporte y venta, sin dejar de lado la participación de policía, militares y funcionarios públicos de todos los niveles.

Más de una investigación ha demostrado cómo se utilizaron aviones militares estadounidenses para transportar estupefacientes desde Afganistán e introducirlos a través de las bases militares de varias ciudades del país.


Y aun así nunca se dejó de hacerlo, porque díganme algo, después de conocerse esto ¿acaso se limitó la venta y se acabó el consumo de drogas? Pues la verdad no, esto jamás se acabó sino que al contrario con el paso de las décadas se ha ido viendo un aumento en la crisis de salud pública por el uso de drogas entre los ciudadanos estadounidenses.

Atacando el problema.

Sin embargo no es que se trate solamente de las amenazas de ejércitos norteamericanos atacando cárteles al sur de su frontera por todos los territorios para combatir al ya nombrado terrorismo latinoamericano, aquí existen dos vías que se leen entre líneas y que forman parte de la estrategia de esta nueva administración, uno de ellos es chantajear y someter a los gobiernos de ciertos países a que sean subyugados por la agenda de Washington que en pocas palabras y como se diría fácilmente para entendernos mejor sería imponerse, estás conmigo, eres aliado pero debes hacer lo que yo pida y darme lo que yo quiera sin quejarte porque si no estás conmigo y piensas como yo y me das lo que quiero entonces no me importará destituir presidentes, acabar con ejércitos e imponer mi fuerza militar con tal de lograr mis objetivos.

¿Acaso creen que de verdad esta administración está preocupada por lo que hacen o dejan de hacer para combatir el narcotráfico gobiernos como el de Daniel Noboa en Ecuador o Dina Boluarte en Perú? ¿O el perdón famoso al narcopresidente de Honduras?

La segunda línea sería el gran negocio como ya ha ocurrido en invasiones en Asia, Medio Oriente y África con el pretexto de acabar con dictaduras y gobiernos tiranos, dejando detrás de estas grandes industrias y corporaciones militares y de inteligencia, porque las intervenciones son un gran negocio que tiene mercados en la imposición de organizaciones políticas, partidos y movimientos para tomar el poder y generar proyectos de desarrollo y gobernabilidad con empresas y grupos de poder de Estados Unidos.

Es por eso que normalmente cuando un gobierno o político, algún presidente o líder social es marcado con un cartelón de se busca con una recompensa por terrorismo o narcotráfico, es porque de manera decidida este país ya está advirtiendo que mientras no exista sometimiento, obediencia y no se entreguen los recursos y no seamos socios, estos irán tras de ti.

Pero nuevamente nos preguntamos, ¿por qué Estados Unidos no aplica esto adentro de su propia casa, contra sus propios grupos criminales, sus redes de tráfico y sobre todo el lavado de dinero en su sistema financiero donde se refleja mejor este gran negocio que no desean aniquilar del todo?

Candil de la calle, oscuridad de su casa.

Hoy en este artículo desmenuzaremos un poco el libro Cárteles gringos de Jesús Esquivel, y como decía mi abuela el buen juez por su casa empieza, pero al parecer esto no es algo que comúnmente sea epílogo del gobierno en Estados Unidos.

Es por eso que daremos un análisis para adentrarnos y saber qué sucede dentro del país cuando los grandes capos que trabajan en el sur logran cruzar su mercancía por túneles, ríos, mares, aire y dentro de personas o cualquier artimaña que se utilice para lograr meter droga a Estados Unidos, y sabemos que no es solo una porción pequeña la que logra entrar, hablamos de toneladas de estupefacientes que llegan a las calles día con día. Estados Unidos es el principal consumidor de drogas del mundo, solo con mencionar una sola, el consumo de cocaína aquí es de un cuarto del consumo total del mundo según dice la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.


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https://www.unodc.org/unodc/index.html 

Cocaína y fentanilo son los mayores impulsores de este mercado que no solo envenena a la gente más vulnerable y mantiene activos a otros grupos sociales, sino que también genera una gran cantidad de riqueza, pero continuando con la idea ¿cómo es que se mueve dentro de Estados Unidos?, ¿quiénes la almacenan?, ¿la transportan desde la frontera, los puertos, los aeropuertos hasta las calles de Los Ángeles, Seattle, Chicago, Nueva York?, ¿y a dónde va tanto dinero?

¿Por qué cuando pensamos en cárteles y drogas siempre pensamos en el sur, en El Chapo Guzmán, en Pablo Escobar, en El Mayo Zambada o en el Cártel Jalisco NG, de los cuales encontramos no solo ligamentos a su vocación sino una gran cantidad de películas, series, música y cultura que gira alrededor de estos antihéroes del sistema que los han convertido en figuras internacionales y reconocidas, pero qué tal si de la misma manera les mencionamos a los Hell Angels, los Bandidos, Gangster Disciples, Border Brothers, Bloods, Sons of Silence, tal vez aparte de los Hell Angels para muchos de nosotros no sea algo que resuene en el colectivo cultural, para hacerlo más fácil de entender por ejemplo estos grupos no son tan famosos porque de alguna manera se han mostrado como forajidos, motociclistas rebeldes antisistema, pero jamás como un cártel, ya que este nombramiento solo se le da a los grupos delictivos de la frontera de México hacia el sur, el cártel es solo algo de latinos, pero se han preguntado qué es un cártel?

Cárteles y pandillas. 

La definición de un cártel es un acuerdo o asociación entre varias personas, empresas u organizaciones que se coordinan para controlar un mercado, actividad o recurso con el fin de obtener beneficios económicos o de poder, generalmente limitando la competencia, en el contexto del crimen organizado un cártel es una organización estructurada que opera de forma coordinada y jerárquica, se dedica a actividades ilícitas como el tráfico de drogas, armas o personas, usa la violencia, corrupción o intimidación para mantener el control de sus operaciones.

No fue sino hasta 1971 cuando Richard Nixon declaró la guerra contra las drogas y en el 73 cuando dio vida a la DEA y así bautizando a los latinos organizados en el crimen como cárteles, para mí es interesante como punto de inflexión, cómo es que la guerra contra el narco apareció exactamente cuando estaba decayendo el mercado de la famosa guerra contra el comunismo en tiempos también donde toda Latinoamérica vivía bajo régimen dictatorial, hasta que el narco se convirtió en ese enemigo en común que abrió la puerta al intervencionismo norteamericano, creando en su paso la narrativa de las narcoguerrillas, los narcopresidentes, las narcodictaduras, hasta llegar a nuestra actualidad con cárteles convertidos en grupos terroristas, y reabriendo nuevamente en pleno 2025 y 2026 la intervención militar empezando con el avance de flotillas al Caribe y el bombardeo de supuestas lanchas de droga en todo el mar Caribe.

Bueno volvamos a Estados Unidos donde la palabra clave para evitar este nombramiento el de “cárteles” es el de “pandillas” la cual permite el control de narrativa y el mercado, aquí se nombra todo desde la mínima palabra que pueda no generar impacto, aquí no hay cárteles aquí lo que hay es pandillas, esto genera que en el imaginario social se perciba algo más urbano sin tanta importancia, violencia es solo del barrio, narcomenudeo es solo en los barrios pobres y uno que otro video de hip hop que apoyan la narrativa.

Así que lo que se trata de mostrar es que básicamente México y Colombia tienen cárteles y Estados Unidos tiene pandillas, y las pandillas son empleadas de los cárteles y que en la estructura económica son estas entonces solo minoristas o empleadoras o subsidiadas, así teniendo este discurso pues se minoriza la importancia de estas estructuras, por eso se prestan a decir que no existen cárteles en Estados Unidos, y esto me lleva a otra pregunta, en un país donde la economía y el crecimiento, donde el enriquecimiento es el dios a seguir, ¿por qué una pandilla o una organización no buscaría ser independiente de un cártel extranjero?, suena ridículo pensar que aquí no existan organizaciones con tal capacidad y con tal poder que puedan ser así determinados como cárteles.

En 2020 en una entrevista hecha por Proceso, Polo Ruiz, agente de la DEA en Arizona, de manera directa menciona la frase “Cárteles domésticos” a su entrevistador Jesús Esquivel quien escribió este libro base Cárteles gringos y afirmando que existen cárteles en Estados Unidos.


Armados hasta los dientes.

El tema de las armas en México, sabemos que en realidad el mayor productor de las armas que utilizan los cárteles en México son de procedencia yanqui, ya que no existe regulación alguna para la compra de estas y ya que es tan sencillo ir a la tienda a comprar una botella de leche como a su vez parar a comprar balas o rifles en la misma tienda al lado del área para bebidas energizantes. Según estadísticas 74 % llegan desde Arizona, California, Nuevo México y Texas.


Dejando una gran ganancia entre los cárteles o pandillas estadounidenses que trafican estas armas que asesinan a miles de mexicanos todos los días, en sí Estados Unidos no logra frenar el consumo y tráfico de drogas a su país, pero no hace el esfuerzo para detener el tráfico de armas hacia los cárteles que califican de terroristas según la Casa Blanca en enero del 2025 cuando incluyeron a varios cárteles mexicanos en la lista de grupos terroristas.


La Casa Blanca gobierno tras gobierno lleva 54 años en lucha contra las drogas y no ha logrado aún ganar la guerra, ¿cuál será el factor que no permite la victoria que elimine este Goliat social?, ¿será el error de comandantes?, ¿generales?, ¿o la estrategia en sí?, ¿cuántos millones de dólares hay de por medio que esta guerra se prefiere interminable?

¿Saben ustedes hacia dónde van estos dólares?
 En la segunda parte de este artículo les desglosaré más sobre este libro, e información sobre los cárteles gringos, así como números y empresas bancarias que han formado parte de este interesante negocio tan redituable.


English translation:

American narcos

They build concentration camps for migrants and applaud electoral majorities, and they say migrants belong to an inferior race. They collectivize guilt onto them, just as they did with the Jews, and they call us terrorists, inferiors, thieves, and drug traffickers — all of us, they say. When in reality, most drug traffickers are blond and blue-eyed, and they store their enormous fortunes in the largest banks in the world. They do not live in Bogotá, Caracas, the Caribbean, or Gaza; they live in Paris, in New York, in Dubai; they live in Miami. They live where there is luxury, not poverty. But missiles are fired where there is poverty, not where there is luxury.

These were the words of Colombian President Gustavo Petro at the Summit of the Americas a couple of months ago, and for a couple of months now our Latin American brotherhood has been facing a world filled with missiles aimed at fishermen and so-called terrorists. Thus begins yet another stage of the Monroe Doctrine in our South America.

Over the past seven months, President Donald Trump and the media have launched a new strategy of media influence and narrative control, openly accusing governments of Latin American countries of being part of a large organization of drug cartels. This agenda directly targets countries such as Mexico, Colombia, and Venezuela, threatening military intervention to combat cartels labeled as terrorists.

The main question is: Do the United States, its corporations, and its governments truly want to put an end to the drug consumption and drug trafficking crisis within their own country? Because, although it sounds ironic, it appears that even in this market, the northern country is tempted to dominate the monopoly of this industry. Let’s be honest — the message is clear: Uncle Sam is more than willing to fight outside the country by any means necessary, but within its own borders, the problem will be ignored.

The system of drug consumption, trafficking, and commercialization within the United States, which generates incalculable profits, is not foreign to cartels, criminal groups, and transportation and distribution networks (not to mention the involvement of police officers, military personnel, and public officials at all levels).`

More than one investigation has shown how U.S. military aircraft were used to transport narcotics from Afghanistan and introduce them through military bases in various cities across the country.


And it never stopped. Tell me this: after the enormity of the drug problem in the U.S. became known, did drug sales decrease or did drug consumption end? The truth is, no. It never ended; on the contrary, over the decades there has been a growing public health crisis due to drug use among U.S. citizens. 

Attacking the problem

So, what is behind the U.S.’ recent attacks (and threats of attacks) on cartels south of their border, ostensibly in order to combat what they are calling Latin American terrorism? There are two paths that can be read between the lines, both part of the strategy of this new administration.

One of them is to blackmail and subjugate the governments of certain countries to Washington’s agenda. In simple terms: to impose their will over other sovereign nations. The federal administration is effectively saying: “You are with me, you are an ally, but you must do what I ask and give me what I want without complaint. Because if you are not with me, do not think like me, and do not give me what I want, then I will not hesitate to overthrow presidents, destroy armies, and impose my military force to achieve my objectives.”

Do you really believe this administration is concerned about what governments like Daniel Noboa’s in Ecuador or Dina Boluarte’s in Peru do — or fail to do — to combat drug trafficking? If that was truly a priority, Trump would not have pardoned former Honduran President (and drug trafficker) Juan Orlando Hernandez.

The second path is boosting the profits of big business — as has already happened with invasions in Asia, the Middle East, and Africa — under the pretext of ending dictatorships and tyrannical governments, leaving behind massive military and intelligence industries and corporations. Interventions are a major business, with markets in the imposition of political organizations, parties, and movements to seize power and generate development and governance projects with U.S. companies and power groups. That is why, when a government, politician, president, or social leader is marked with a ‘wanted’ poster and you start seeing propaganda about them for terrorism or drug trafficking, it is often the U.S. signaling that unless there is submission, obedience, and the handing over of resources — unless we become partners — they will come after you (under the guise of fighting drug cartels and bringing democracy to the world).

But again we ask: Why does the U.S. not apply this fight against drug trafficking within its own borders, against its own criminal groups, its trafficking networks — and above all, money laundering within its financial system — where this massive business is most clearly reflected, and which they have no desire to fully eliminate?

A candle in the street, darkness at home

In this article, we will break down part of the book Los narcos gringos (The Gringo Drug Lords) by Jesús Esquivel. As my grandmother used to say: “A good judge starts at home.” But apparently, this is not a concept that translates especially well — at least, not for the U.S. government.

Esquivel’s book provides an analysis that delves into what happens inside the country when major kingpins operating in the south manage to move their merchandise through tunnels, rivers, seas, air routes, and even inside people — using any tactic necessary to bring drugs into the U.S. And we know it is not a small portion that gets through — we are talking about tons of narcotics reaching the streets day after day.

The United States is the largest consumer of drugs in the world. Just to mention one example, cocaine consumption in the U.S. accounts for roughly one-quarter of total global consumption, according to the United Nations Office on Drugs and Crime. Cocaine and fentanyl are the main drivers of this market, which not only poisons the most vulnerable people, but also generates enormous wealth. 

How does it move within the United States? Who stores it? Who transports it from the borders, ports, and airports to the streets of Los Angeles, Seattle, Chicago, and New York? And where does all that money go?

In Chapter 4 of Los narcos gringos, Esquivel poses the question: Why is it that when we think about cartels and drugs, we always think of the south — ‘El Chapo’ Guzmán, Pablo Escobar, ‘El Mayo’ Zambada, or the Jalisco New Generation Cartel — around whom there is not only documentation of their activities but also a vast array of movies, television series, music, and culture portraying them as antiheroes of the system?

What if we were to also mention the Hells Angels, the Bloods, the Bandidos, the Gangster Disciples, Border Brothers, or Sons of Silence? Aside from the Hells Angels and the Bloods, many of these names may not resonate culturally; and even then, they are portrayed as outlaws or antisystem rebel bikers, but never as cartels. That label is reserved for criminal groups south of Mexico’s border. “Cartel” is something Latino. But have you ever asked what a cartel really is?

Cartels and gangs

A cartel is a collaboration between companies or organizations that coordinate to control a market, activity, or resource in order to obtain economic or political power, usually by limiting competition. In organized crime, a cartel is a structured organization that operates in a coordinated and hierarchical way, engaging in illicit activities such as trafficking drugs, arms, or people, and using violence, corruption, or intimidation to maintain control of its operations.

It was not until 1971 that Richard Nixon declared the War on Drugs, and in 1973 created the DEA, labeling organized Latino criminal groups as cartels. This is an interesting turning point; the War on Drugs emerged just as the war on communism was declining, during a time when much of Latin America was under dictatorial regimes. Drug trafficking became the new common enemy, opening the door to U.S. interventionism — leading to narratives of narco-guerrillas, narco-presidents, narco-dictatorships, and ultimately to today, with cartels labeled as terrorist groups and a renewed phase of military intervention in 2025 and 2026, beginning with flotilla deployments in the Caribbean and the bombing of alleged drug boats across the Caribbean Sea.

Let’s return to the United States, where the key word used to avoid the term ‘cartels’ is ‘gangs’. In the Chapter ‘Narco Gangs and Biker Narcos’, Esquivel shows how this careful word choice allows the U.S. to maintain narrative and market control. The messaging is: There are no cartels here, only gangs. This shapes the social imagination — violence is just neighborhood violence, drug dealing is just in poor neighborhoods, and a few hip-hop videos reinforce the narrative.

What this discourse tries to show is that Mexico and Colombia have cartels, while the U.S. has gangs — and those gangs are merely employees or subsidiaries of cartels. The cartels get the blame. Which leads to another question: In a country where wealth and economic growth are the ultimate gods, why would U.S. gangs and criminal organizations not seek independence from foreign cartels? 

In 2020, in an interview conducted by Proceso, DEA agent Polo Ruiz in Arizona used the term “domestic cartels” when speaking to Esquivel (who was a journalist at that time), further affirming that cartels do exist in the U.S.


Armed to the teeth

Regarding weapons used by Mexican cartels, the largest producer of those weapons is the U.S. There is little regulation on purchasing them, and it is almost as easy to buy ammunition or rifles as it is to buy a bottle of milk at the same store, right next to the energy drinks aisle. According to the U.S. Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives (ATF), 74% of these weapons come from Arizona, California, New Mexico, and Texas.

This generates enormous profits for U.S. cartels trafficking these weapons — arms that kill thousands of Mexicans every day. In short, the U.S. fails to stop drug consumption and trafficking within its borders, yet makes no real effort to stop the flow of weapons to the cartels it labels as terrorists, according to the White House in January 2025, when several Mexican cartels were added to the terrorist list.


The White House — administration after administration — has been fighting the War on Drugs for 54 years and has yet to win it. What is the factor preventing victory over this social Goliath? Is it commanders’ mistakes? Or the strategy itself? How many millions of dollars are at stake that this war is preferred to be endless?

And where does all of this money go?

Next month, in the second part of this investigation, we will continue to delve into Esquivel’s book and look into American cartels, including public figures and banking institutions that are a big part of the highly profitable business of drug trafficking.


Ulises Navarro es el director de operaciones de Alcon Media, LLC, donde combina su pasión por las operaciones de los medios con su dedicación a la justicia social, el folklore y el periodismo independiente. También es el presidente de klaindastino kors. Originario de Guadalajara, México, es un filósofo y escritor autodidacta que emigró a los Estados Unidos a la edad de 21 años, trabajando inicialmente como agricultor en los campos de Washington y Oregón. Fue allí donde nació su deseo de lucha social por los derechos de los migrantes. Ulises recibió el premio BFT del Salón de la Fama del Transporte Público por su informe “Sobre la inclusión en el transporte público”. Ahora trabaja en muchos proyectos informativos y educativos, incluido El Centro de la Dignidad.


Ulises Navarro is the Chief Operating Officer of Alcon Media, LLC, where he combines his passion for media operations with his dedication to social justice, folklore, and independent journalism. He is also the president of klaindastino kors. Originally from Guadalajara, Mexico, he is a self-taught philosopher and writer who migrated to the United States at the age of 21, working initially as a farmer in the fields of Washington and Oregon. It was there where his desire for social struggle for the rights of migrants was born. Ulises received the BFT Public Transportation Hall of Fame Award for his reporting “On Inclusion in Public Transportation”. He now works on many informational and educational projects, including El Centro de la Dignidad.